jueves, 26 de mayo de 2011

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA


El presente escrito constituye una reflexión personal y un enriquecimiento del trabajo realizado en el primer módulo de la especialidad (unidad I), conformado de experiencias (propias y externas) y andamiaje teórico, luego de un análisis minucioso sobre la importancia de una labor, como lo es la docencia.

Comienzo por presentarme, mi nombre es Mónica Areuza Alarcón García, estudié la Licenciatura en Educación Secundaria con Especialidad en Pedagogía, en la Escuela Normal Superior de México, y actualmente obtuve el grado de Maestra en Formación Docente, en la Universidad San Carlos.

Desde pequeña jugaba a ser maestra (ya que mis padres se dedican a la docencia: lo traigo en la sangre), a escribir en pizarrones, a calificar los cuadernos que localizaba en casa, entre otras cosas. Sin embargo, cuando me encontraba en la preparatoria (en tercer grado), a punto de tomar una de las decisiones más importantes en mi vida, no sabía qué camino tomar, para empezar no tenía ni idea de lo que trataba la pedagogía, así es que decidí hacer el examen de ingreso a la UNAM en la carrera de Comunicación, el cual no pasé porque me faltó un acierto (por algo pasan las cosas ¿no creen?).

Mi siguiente intento fue hacer el examen en la UPN y en la Normal Superior de México; en la primera ya no presenté la prueba porque ya me habían dado los resultados de la Normal, obteniendo el primer lugar de un total de 300 aspirantes aproximadamente y formando parte, desde ese momento, de un grupo de 25 estudiantes. De esta manera decidí continuar mis estudios ahí y dedicarme sin saberlo, al área de la docencia, lo cual es mi gran pasión desde el primer instante en que pisé mi institución formadora. Dicho proceso lo inicié en el 2001 y lo concluí en el 2005, incorporándome casi enseguida a trabajar (en agosto a una secundaria federal – vespertino- y en noviembre a un CBT estatal – matutino-). Desde ese momento comencé, como dice Esteve, mi aventura de ser maestra, ya que me encontraba preocupada por descubrir mi identidad profesional, por hallar estrategias de trabajo diversas y acordes a las necesidades de los estudiantes, por sacar adelante la disciplina y por adaptar los contenidos al nivel cognitivo del alumnado que tenía frente a mí. Fue entonces cuando surgieron las primeras interrogantes en mi hacer ¿Estaré realmente preparada para este gran reto que es la educación? ¿Habré obtenido los elementos necesarios en mi formación como docente hasta el momento, cómo para brindar los resultados deseados? Las preguntas estaban en el aire.

Pero, ¿cómo, luego de no haber tenido la certeza de qué camino recorrer en mi andar profesional, podía surgir en el proceso un amor por la carrera que acababa de elegir? Debido a que durante mi formación profesional fui incorporándome al campo de trabajo (prácticas en algunas instituciones), el amor por la docencia fue reapareciendo y aumentando, y cada día que pasaba lo consideraba una nueva oportunidad de crecer como persona y como docente, ya que para mi ser profesora, implica una gran responsabilidad, compromiso, ética y deseos por superarme y apoyar a los estudiantes a confiar en sí mismos y en el medio que les rodea, a hacerlos críticos de las cosas y ante todo, brindarles las herramientas necesarias para enfrentar lo que se les presente a lo largo de la vida (maestra de humanidad). ¿Vocación? Si, poco a poco resurgió en mí lo que siempre había sabido, amaba la docencia, tenía esa alegría por experimentar, quería hacer de los alumnos los mejores seres humanos, tenía en mente que esas horas de estudio, me hacían sentir ahora útil y enfrente de una gran recompensa: el aprendizaje de los estudiantes.

Al inicio, sabía que por el nombre de mi carrera, únicamente me podría dedicar al nivel básico (secundaria), pero pronto me dí a la tarea de buscar oportunidad en bachillerato, lo cual, confieso, me daba mucho miedo porque me imaginaba a los alumnos como “gigantes que me podrían comer por mi corta edad”. Tenía ante mí la “primera dosis de ansiedad”, como dice Esteve, presentaba una seguridad superficial, temor a los cuestionamientos de los estudiantes y una tensión diaria por aparentar un serio academicismo y exigencia al grado del autoritarismo. Ante ello mi argumento fue ¿No se supone que había aprendido todo en la Normal? ¿Realmente me prepararon para ser docente? En que equivocación estaba al haber idealizado a los profesores, sin antes percatarme que había cosas, muchas cosas que aún no sabía y que sólo con la experiencia llegaría a dominar, pero nunca a dejar de aprender.

Sin embargo, cuando entré al CBT (y conforme avanzó el tiempo), comencé a sentirme confiada, tranquila y como “pez en el agua”, la relación con los estudiantes, pero sobre todo con mis compañeros (a los cuales les estoy muy agradecida por integrarme desde el principio), fue de cordialidad y respeto, y sin duda alguna, eso me hizo sentir plena y satisfecha. En ese momento, había ganado la “libertad de ser profesora”; me sentía alegre, me divertía y por fin, había dejado de aparentar. Mi identidad se estaba construyendo día a día, estaba conociendo diferentes formas de enseñar y comunicarme, la disciplina la veía como una manera de organizar el trabajo y llegar a acuerdos, no como una imposición, conocía a mis alumnos y eso me abría la puerta a hablar el mismo lenguaje que ellos, facilitándoles el aprendizaje de los contenidos, pero sobre todo estaba fortaleciendo mi orgullo de dedicarme a la docencia.

Ahora, sin temor a equivocarme, puedo argumentar que el nivel medio superior me llena de muchas satisfacciones, ya que a mi parecer, el nivel se presta para el debate, el intercambio fundamentado, el análisis y las propuestas de los alumnos, aspectos que en lo personal, me llenan mucho como docente, el observar cómo, poco a poco la gente a la que estoy teniendo en mis manos, madura y se realiza como persona y profesional (más siendo parte de bachillerato tecnológico: con carrera de por medio).

Se que siguen existiendo preocupaciones que comparto con algunos compañeros como: no lograr con los estudiantes los resultados esperados, sintiendo frustración con ello; no contar con las herramientas tecnológicas y/o pedagógicas necesarias para su aplicación en el aula (atención de problemáticas específicas); en ocasiones existe más preocupación por la parte administrativa que por el aspecto humano y eso provoca que exista distracción ante asuntos más importantes como el desarrollo de las competencias en los estudiantes; y el hecho de que no existe trabajo colaborativo entre directivos, docentes, estudiantes y padres de familia; entre muchas más. Pero sin duda alguna, son más mis satisfacciones, entre ellas: ver convertidos a los alumnos en personas de bien, con aspiraciones de cualquier índole, pero siempre positivas, el que vengan a visitar a sus maestros y nos agradezcan tantas cosas, es gratificante y para mi el pago más importante. Hasta ahora, aunque sólo llevo 6 años de servicio (bueno, los cumplo en noviembre), me he dado cuenta que mi labor no ha sido en vano, ya que los muchachos me demuestran su agradecimiento a cada momento y esto es recíproco, porque gracias a ellos yo busco ser cada día mejor, prepararme para ir junto con ellos en las fases del conocimiento, adaptándome a sus necesidades y ante todo, actualizándome.

Definitivamente me gusta lo que hago, aunque también han existido insatisfacciones como el hecho de que algún alumno por “x” situación repruebe la materia, o por saber que no dí lo suficiente en determinado momento. Reconozco de igual manera, que a veces el saturarse de tanto trabajo administrativo, hace que uno pierda la noción de lo verdaderamente importante, los alumnos y dedique la atención a otros aspectos; sin embargo, casi siempre intento seguir dando lo mejor y aceptar cuando en algo estoy fallando para rectificar y buscar la mejora continua, ejemplo que también quiero dar a los estudiantes, volverse autocríticos y responsables de sus propias acciones.

De esta manera, me doy cuenta que la labor docente lleva implícitas preocupaciones y satisfacciones, es como dice Esteve, una profesión ambivalente, donde uno se puede aburrir o divertir. Depende de nosotros retomar el camino de la desidia o del orgullo de ser profesor, intentando día a día darle relevancia a nuestro papel, desafiar al saber y comunicarlo a través de acciones, seamos pues, en palabras del autor: “…hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos…” y yo le agregaría… y a proponer soluciones para mejorar su vida y a la sociedad.


4 comentarios:

  1. Hola Moni:

    He visto tus trsbajos a lo largo de estos dos móduos y coincide muy bien lo que cuentas de tí con lo que imaginaba. Yo estoy convencida de que cuando disrutamos lo que hacemos, los resultados mejoran significativamente y esto se nota en tus reflexiones. Me da mucho gusto que siendo una persona tan joven seas tan comprometida y reponsable. Muchas felicidades, estoy segura de que tienes por delante una carrera brillante como docente pues tienes madera para ello. Un abrazo. América

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  2. Hola Mónica:

    Muy interesante la forma en que describes tus inicios y andar en la docencia,te felicito por tu empeño y dedicación. Al igual que tú sé que llevo la vocación en la sangre y ello nos compromete a dar siempre lo mejor de nosotros.

    Un abrazo.

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  3. Hola maestra Mònica, es muy interesante su ingreso a la docencia, sus "raìces", pero y sobretodo su notable amor a este "arte", creo que coincidimos en notar las nobles causas de la docencia, el sabernos "formadores" de los profesionistas del mañana nos llena de responsabilidad y se nota que tù la llevas de la mejor manera, mucha suerte y espero que todos adquiramos muy gratificantes conocimientos de esta especilidad que estamos a punto de terminar.

    Saludos, :)
    Gaby A.

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  4. Hola Mónica:
    No cabe duda de que eres maestra por vocación y formación, y se nota la pasión que tienes para tu labor. Creo que al igual que muchos de nosotros, nuestras primeras experiencias docentes estuvieron cargadas de ansiedad y temor!!!, pero con el tiempo todo se acomoda en su lugar.
    Muchas Felicidades por tu AMOR a la docencia!!
    Carolina

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